Desde hace unos años España y Catalunya se han visto, por decirlo de una manera, “invadidos” de migrantes, llegados de todas partes del mundo. Esto ha suscitado nuevos problemas y nuevas búsquedas de solución a los mismos.
Esto sucedió y sucede con los ucranios que emigraron a Barcelona. Se debe tener en cuenta que en este país nunca hubo más que unas decenas de migrantes ucranios y que llegaron hace muchos años. Es interesante tener en cuenta que Catalunya ha dado tres presbíteros que se dedicaron durante años a la atención pastoral de los cristianos de rito oriental bizantino, ucranio y ruso, en distintas partes de Europa y América del Norte: Mons. Josep Casanova Martorell, Mn. Miguel Ambrós y Mn. Joan Solés.
Sin embargo a partir del año 2000 la presencia de ucranios, y entre ellos muchos greco-católicos, empezaron a frecuentar las Divinas Liturgias que se celebraban para catalanes gustosos de este rito. Dado que la migración fue aumentando año a año, el Cardenal Lubomyr Husar, Arzobispo Mayor de esta Iglesia, pidió a Mons. Casanova que con su sabiduría y experiencia pastoral organizara las comunidades que se iban multiplicando. De modo particular cuidó de la comunidad en Barcelona que siguió creciendo.
En el año 2004 la Santa Sede nombró un Visitador Apostólico, Mons. Hlib Lonchyna, quien siguiendo el consejo de Mons. Casanova pidió al Arzobispo de Barcelona que aceptara un presbítero que pudiese hacerse cargo de la atención pastoral de esta comunidad cada día más numerosa y pujante.
Se buscó un lugar para las celebraciones y se encontró la disponibilidad de los Padres Capuchinos quienes ofrecieron la Cripta de Pompeia, donde actualmente se celebra cada domingo a las 11 horas, la Divina Liturgia en rito Bizantino-Ucranio.
Podemos ver los ucranianos empadronados por Comunidades Autónomas, según el Instituto Nacional de Estadística, en la revisión del Padrón Municipal del 2006:
Comunidad Autónoma
Ucranianos empadronados
Andalucía: 9.995
Aragón: 1.687
Asturias: 528
Baleares: 966
Canarias: 555
Cantabria: 686
Castilla y León: 942
Castilla la Mancha: 3.651
Cataluña: 12.649
C. Valenciana: 14.140
Extremadura: 216
Galicia: 394
Madrid: 15.661
Murcia: 5.288
Navarra: 991
P.Vasco: 997
La Rioja: 364
Y gráficamente en el mapa, podemos apreciar la presencia de ucranianos, de modo particular en Madrid, en la Comunidad Valenciana y en Catalunya; mereciendo una mención especial la región de Murcia, donde en relación a la población local la concentración de ucranianos es mayor.

Podemos preguntarnos ¿porqué los ucranianos quieren reunirse, como lo hacen también las otras comunidades de migrantes? Los motivos pueden ser muy diversos, pero hay uno que es particularmente caro a los ucranianos: participar de la Liturgia en su rito, según las tradiciones orientales que ellos recibieron hace más de mil años, llegadas desde el oriente bizantino, y a la cual embellecieron de modo particular.
En las fotos siguientes podrán ver parte de ese “ritual”, que comenzando con muchas y largas oraciones previas, se preparan los panes, el vino, el incienso y todo aquello que será utilizado a lo largo del Servicio Religioso.
No dejará de llamar la atención la centralidad del Evangelio, en medio del Altar, en medio de la Comunidad, que es escuchado y que es venerado de modo particular.
A la centralidad de la Palabra de Dios seguirá la Entrada con los Santos Dones preparados con anterioridad y que son ofrecidos “por todos y por todo”.
Siempre en un continuo diálogo entre Celebrante y Comunidad, donde resuene una y otra vez, el antiguo “Kyrie Eleison”, Señor ten piedad, “Jóspode Pomélui”, que el coro tratará de mantener en una tensión cada vez más fervorosa en tanto nos acercamos a la Comunión de los Santos Dones.
Esta obra del Espíritu Santo de Dios en medio de la Comunidad, se siente de modo particular al momento de la Comunión y especialmente al acercarse los más pequeños, recién bautizados, en brazos de sus padres… La Gracia de Dios se manifiesta totalmente gratuita, inmerecida, santificante…
Todos gozan de las “migajas que caen del altar”… y así con la bendición del Celebrante, no sólo comen las migajas sino que también las llevan a todos aquellos que no pudieron estar presente en la Celebración, y puedan experimentar la obra santificante del Espíritu Santo en medio de nuestra vida cotidiana.





